El adulto debe renunciar a sus propias necesidades y adaptarse a las condiciones del niño, para ayudarle a satisfacer sus intereses, motivaciones y necesidades.

En mi opinión no damos suficiente importancia al desarrollo psicomotor grueso del niño, parece ser que en demasiadas ocasiones y en la escuela tradicional, los adultos y educadores se limitan a impedir esta actividad, manteniendo a los niños pequeños sentados durante largos períodos de tiempo.

El origen de las desviaciones es ocasionado cuando el niño no ha podido realizar el plan primitivo de su desarrollo. El adulto solo debe intervenir en la educación del niño, cuando éste realmente lo necesite, es decir, no intervenir demasiado en el desarrollo del niño. Debemos de aprender del niño, y el maestro no puede imponer nada a su alumno, la figura del maestro es un guía, el cual su única tarea es ayudar al niño cuando lo necesite, y vigilarle, y ante todo, el ambiente donde nos encontremos con los niños, tendrá que estar completamente adaptados a ellos, no al maestro. Damos por hecho que un adulto sí que puede dedicar su tiempo a lo que le gusta y le apasiona, mientras que un niño no. Tienen que pasar muchos años de su vida haciendo lo que los adultos le dicen, para luego, si le quedan fuerzas y si las desviaciones se lo permiten, poder realizar aquello para lo que tiene una buena habilidad, destreza y pasión. Hay que confiar más en los niños, dejar que nos enseñen y admirar la capacidad tan asombrosa que desprenden.
Evitar, por parte del adulto, que el niño siga avanzando en aquello que muestra interés e intentar reconducirlo, por parte del adulto, en aquellas cosas que el adulto piensa que debe conocer pero que al niño quizás no le interesan lo más mínimo, puede producir en el niño un grave problema, sufrirá esas desviaciones que ya nunca tendrán solución y que el adulto señalará como caprichos del niño.

Niño trabajando concentrado

Las inteligencias múltiples de Howard Gardner, tiene mucho que ver con todo esto. Muchas veces ocurre que el adulto se siente amenazado por el niño, se produce una adaptación positiva para el niño y negativa para el adulto. Se interviene en las acciones de los niños, se imponen los ritmos de vida de cada uno sin respetar las verdaderas necesidades del niño en la conquista de su independencia. Ante una queja o un llanto del niño juzgamos que el niño es caprichoso, que no sabe lo que quiere, cuando realmente son reacciones de defensa del niño ante necesidades no satisfechas, eso es lo que queda clarísimo y lo corroboro hasta la saciedad.

Un obstáculo es un impedimento que frena el desarrollo, el crecimiento del niño, y lo desvía. Las desviaciones pueden derivar en patologías de diferentes tipos ya que todo tipo de conducta humana puede producir sufrimiento (y llegar a ser considerado patología) dependiendo de la intensidad, rigidez, persistencia, adecuación al contexto, etc. María Montessori analiza los diferentes tipos de desviaciones que observó en el niño. Y encontramos un factor común en todas ellas: la intervención del adulto.

Ella diferencia dos tipos de desviaciones: las fugas y las barreras.

Las fugas se manifiestan en forma de fantasías y las barreras en forma de dependencia, posesión, deseos de poder, complejo de inferioridad, miedo, mentira y enfermedades psicosomáticas. Comprueba que las fugas son más fáciles de curar que las barreras.
También distingue entre las desviaciones mostradas por los niños fuertes, es decir, aquellos que se resisten y se rebelan ante los obstáculos que encuentran, y las desviaciones mostradas por los débiles, es decir, aquellos que sucumben a las condiciones desfavorables. Los fuertes se convierten en caprichosos, con tendencias a la violencia, arrebatos de ira y de insubordinación. Comen más de lo necesario. También pueden ser desobedientes y posesivos, e incapaces de concentrarse. Los efectos que se observan en los débiles son la apatía, la pasividad, el llanto y se aburren fácilmente. Se niegan a comer. Desarrollan miedos e incluso enfermedades psicosomáticas que les hacen aferrarse aún más al adulto. En un ambiente Montessori, la doctora pudo experimentar que gracias al ambiente preparado y la presencia de un adulto también preparado, se propiciaba que esas desviaciones desaparecieran. Esta concentración en un trabajo determinado y todo lo que ello conlleva, provoca una normalización con la que aflorará la disciplina espontánea, el trabajo continuo con alegría, y el sentimiento de comprensión hacia el otro, de pertenencia a una sociedad y la compasión.

Esrito por Cristina Hernández, Guía de Comunidad Infantil en Montessori Village Rivas

“Los maestros comprueban que en las escuelas los niños llenos de imaginación no son los que se aprovechan mejor de los estudios, como hubiera podido esperarse. Progresan escasamente o fracasan por completo. Sin embargo, nadie duda que su inteligencia se ha desviado, pero se considera que una inteligencia creadora, no puede aplicarse a cosas prácticas. Ésta es la prueba más evidente de que en el niño desviado se produce una disminución de la inteligencia, porque no se halla en posesión de la misma, y no puede ser dueño de su desarrollo”

María Montessori. El niño, el secreto de la infancia. Pag 247