En todos los seres vivos existen periodos sensitivos, no voluntarios en los que el organismo tiende intuitivamente a realizar una determinada acción. Se habla de periodos porque corresponden a una determinada etapa y se llaman sensitivos porque son independientes de la voluntad. Uno de los periodos sensibles más importantes y misteriosos es el que hace al niño/a sensible al
ORDEN, suele darse al final del primer año y se puede prolongar hasta los seis, aunque llega a su punto más álgido durante el segundo año.

¿Por qué es tan importante el orden en los ambientes Montessori?

Los niños/as de año y medio de edad a los dos años necesitan orden en las cosas externas para poder comprender e interiorizar el mundo que le rodea. Por tanto, esta sensibilidad por el orden se da en el niño/a en forma de dos vertientes: uno exterior en cuanto a las relaciones entre el niño/a y el ambiente, y uno interno que da sentido a las partes del cuerpo que actúan en los movimientos y
sus posiciones.
En esta fase el niño/a está organizando un esquema mental sobre el funcionamiento del mundo, está construyendo su lógica y su pensamiento racional. Por ello, reproducir un orden en su ambiente le ayudará a organizar su mente y extraer conclusiones firmes sobre cómo funciona el mundo. Esta mente matemática, razonadora y lógica se consigue reproduciendo un orden en cada uno de
los entornos en los que se desenvuelve el niño/a. De esta forma, un entorno en el que se trabaje el orden le proporcionará confianza, seguridad, constancia, rutina y concentración.

¿Qué ocurre cuando no atendemos de forma correcta las reacciones de los niños/as ante cualquier desajuste en el orden?

Cuando algún obstáculo impide al niño/a desarrollarse de manera libre durante este período, se producen reacciones dolorosas e incluso violentas en el niño/a. Pensamos que son simples “caprichos”, sin darle importancia e ignoramos las causas reales que han provocado esta reacción.
Los “caprichos” surgen a partir de una necesidad que no está siendo satisfecha, creando en el niño/a un estado de tensión que expresa en forma de rabieta, llanto o frustración sino se gestiona de forma correcta por parte del adulto. Cuando somos capaces de identificar, comprender y satisfacer estas reacciones, llegamos a conseguir un estado de calma, orden y comprensión. Por tanto, respetar los períodos sensitivos del niño/a resulta fundamental.

¿Cómo influyen las rutinas en el orden interno del niño/a?

La organización de los momentos más significativos del día en rutinas ayuda a crear seguridad en el niño/a, le orientan, evitan y previenen muchas rabietas porque saben con antelación lo que va a suceder después, y en consecuencia dan autonomía. Además, contribuyen a que el niño/a comprenda los ritmos vitales, permitiéndole crear un orden mental y a tener una organización
temporal.
Para poder organizar este ritmo diario del niño/a es necesario tener constancia en las rutinas e intentar no meterle prisa, anticipando las transiciones y las tareas que va a realizar. Cuando el niño/a vaya interiorizando las rutinas diarias esto no será necesario, porque sabrá lo que viene después y podrá hacerlo por sí sólo. Por último, aunque nuestro horario será flexible lo importante será seguir un orden en los hábitos del niño/a (ej: primero levantarse, después desayunar, por último vestirse). Para facilitar este proceso podrían utilizarse tarjetas de apoyo visual.

¿Cómo podemos ayudar a los niños ante el período sensible del orden?

La observación será una de las herramientas principales para detectar en qué período sensible se encuentra el niño/a y actuar en consecuencia. De esta forma, podremos llegar a comprender en algunas ocasiones por qué se dan las rabietas en los niños.
“Los berrinches de los períodos sensibles son manifestaciones externas de una necesidad insatisfecha, expresiones de alarma acerca de un peligro, o algo que está fuera de lugar. Desaparecen tan rápido como hay una posibilidad de satisfacer la necesidad o eliminar el peligro.” María Montessori. El secreto de la infancia.
Además, será necesario crear un ambiente preparado y sin obstáculos que permitan al niño/a el movimiento libre y el aprendizaje a través de sus propias experiencias y del ensayo-error. Por ello, evitaremos guiar la atención del niño/a hacia materiales que interesen más al adulto que al propio niño/a, sin dar lugar a la libre elección del pequeño. Además, les daremos algunas normas
básicas acerca del cuidado del material y de recoger el material una vez que la actividad ha terminado antes de sacar otro.
De esta forma, será necesario tener en cuenta algunos aspectos relacionados con la organización del material del ambiente:

– Materiales siempre al alcance y la vista del niño/a.
– Dispondremos de los materiales en un orden y a una distancia, sin amontonar ni saturar el ambiente.
– Cada material se presenta contenido en una cesta, bandeja o caja que el niño/a pueda transportar fácilmente.
– Ordenaremos el material según el área al que corresponda (vida práctica, sensorial, lenguaje, etc. )
– Tendremos las presentaciones siempre listas para usar.
– Cuidaremos la estética, construyendo un entorno estimulante de trabajo que invite a la serenidad, la paz y el amor por lo bello.
– Las bandejas tendrán todo lo necesario para realizar la actividad.
– Un material de cada tipo, para que los niños/as aprendan a respetar el turno y a colaborar entre ellos.

Conclusión

El niño/a no siente el orden como lo sentimos los adultos, ya que tenemos impresiones y experiencias que nos hacen actuar de forma indiferente ante cualquier cambio que se de en el ambiente. Sin embargo, el niño viene de cero, sin nada y todo lo que hace y
ve a su alrededor es nuevo para él. Por ello, es necesario tener los conocimientos necesarios para saber manejar las reacciones que tienen los niños en los momentos en los que hay algún cambio en el ambiente y se produce un desajuste en su ordenación interior.

 

Ensayo redactado por Leticia Lopez, Guía de Nido en Montessori Village Alcalá de Henares

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