María Montessori, comparó la mente de un niño con una esponja. La mente del niño literalmente absorbe toda la información del medio ambiente, y trabajando con la mano aprende fácilmente.  El niño pequeño puede aprender a leer, escribir y calcular de la misma manera natural en que aprende a caminar y a hablar.

El niño retiene esta habilidad para aprender hasta los siete años. Se le compara con una esponja, con la diferencia que la esponja tiene una capacidad de absorción limitada, la mente del niño es infinita. El saber entra en su cabeza por el simple hecho de vivir.

La mente absorbente  es la capacidad innata del niño  de recibir, procesar y almacenar en las células cerebrales y sin ningún esfuerzo todo lo que proviene del ambiente que lo rodea. Espera todo, recibe todo, acepta hasta la riqueza como la pobreza, acepta cualquier creencia religiosa, prejuicio sin discriminación y costumbres de su ambiente, todo lo encarna en sí mismo. Las potencialidades almacenadas en el inconsciente reaccionan con las imágenes del ambiente y se revelan.

Montessori manifiesta: “En el niño pequeño existe un estado mental inconsciente de naturaleza creativa, y que nosotros le hemos llamamos Mente Absorbente”. El desarrollo interior debe de preceder a la independencia. Por lo tanto, es este desarrollo interior lo que constituye la tarea más importante del niño. Para lograrla, el niño es equipado con ciertas potencialidades que no existen en el adulto.

Esta mente absorbente no se construye a través de un esfuerzo voluntario sino de acuerdo a la guía de sensibilidades internas llamados periodos sensitivos. La mente de los niños posee una capacidad maravillosa y única: la capacidad de adquirir conocimientos absorbiendo con su vida psíquica. Absorben todo del medio ambiente inconscientemente, pasando poco a poco del inconsciente a la conciencia, avanzando por un sendero en que todo es alegría. Todo lo que absorbe forma parte permanente de su psique. A través de ella, adquiere el lenguaje y el movimiento, se adapta a su cultura y se forma su ser individual.

El proceso es particularmente evidente en la manera en que un niño de dos años aprende su lengua materna sin ninguna instrucción formal y sin el esfuerzo consciente y tedioso que un adulto debe hacer  para dominar un segundo idioma. Adquirir información de esta manera, es una actividad natural y maravillosa para el niño, ya que usa todos sus sentidos para investigar sus alrededores. El niño lo aprende todo inconscientemente, pasando poco a poco del inconsciente a la conciencia con alegría y amor.

El movimiento es otra conquista del niño. Yace, camina, se mueve en el ambiente, hace algunas cosas, goza y es feliz. Los movimientos  están determinados en el sentido en que son adquiridos en el período del desarrollo. Cuando el niño empieza a moverse, su mente es capaz de absorber, ya ha captado su ambiente.

Por medio de la mente absorbente, el ser humano adquiere un modelo de pensamiento, de actitudes y de comportamientos del grupo al que pertenece; todo ello “se fija en su mente de forma estable”.

Escrito por Cristina Hernández, Guía de Comunidad Infantil en Montessori Village Riva

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